Decía
Lucio Anneo Séneca que “no nos atrevemos a muchas cosas porque son
difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas”.
Ayer asistimos a la puesta en práctica de ese principio en casi
todos los campos de nuestra vida, en este contexto de crisis
polivalente que nos invade y nos anula. Ayer, en el Polideportivo de
Obispo Frías, ante el Somar (29 - 29) los juveniles no nos atrevimos a dar un golpe de
autoridad. No nos atrevimos a demostrar el por qué hemos conseguido
tantas cosas juntos durante estas últimas cinco temporadas. Por no
atrevernos, no nos atrevimos ni a celebrar el subcampeonato de liga,
quizás porque es la presea menor. El segundo clasificado es solo el
mejor de los perdedores.
El
balonmano es mi pasión, el deporte que practiqué siendo joven. He
conocido en mis años de práctica como jugador primero y como
entrenador después, a compañeros de todos los rincones de Gran
Canaria, incluidos nuestros vecinos chicharreros, y hasta algún que
otro extranjero (en el Juventud pude tratar a tres de ellos) y por
supuesto a muchos peninsulares. La
riqueza
que me ha proporcionado conocerles y aprender de ellos me ha hecho
sin duda una persona más abierta, así como las experiencias y
vivencias de los viajes por toda la geografía insular y peninsular
con los equipos de Segunda División Grupo Canario, de Primera
Nacional y División de Honor B. Siempre fuí un entrenador
autodidacta, (en mi época no existía internet), y salvo en los
periodos en que hice los cursos de Monitor y al siguiente año el
Territorial, nunca tuve más profesor que aquéllos otros
entrenadores, mis ídolos locales, que me dejaban ver sus
entrenamientos, aprendiendo de ellos, preguntando y leyendo todos
aquellos textos que llegaban a mis manos sobre el deporte que había
elegido, pisando la cancha del San Román y respirando el ambiente
que cada domingo se formaba para ver al Canteras UD. Aprendí también
a vivir de manera más independiente, a tomar decisiones y sobre todo
a entender que las cosas no son gratis, que el esfuerzo y la
preparación es la única moneda admitida. Este deporte me enseñó a
crecer sin el paraguas perpetuo de mis padres . He tenido jugadores
magníficos, conocido árbitros de una gran experiencia, entrenadores
que han sido un ejemplo a seguir y directivos de cuya opinión y
consejos hoy hecho en falta. Sin duda era otra época.
Hoy
nos encontramos con una juventud en el que se destaca su elevado
nivel de formación. Está mejor capacitada y tiene una visión del
mundo de la cual carecíamos los jóvenes de mi generación. Los
adelantos tecnológicos les brinda estar en las redes sociales y
gozar de una comunicación horizontal, más democrática y abierta
con una velocidad de vértigo. Vivir al instante lo que sucede en el
mundo. Sin embargo, ¿son nuestros jugadores juveniles emprendedores,
independientes, decididos y competitivos?.
Hoy
un joven de 16 años, se dice, sabe más física que Newton y más
filosofía que Aristóteles. Es probable. Tienen acceso a Internet,
gozan de teléfono móvil, twitter y participan de redes sociales, lo
que supone estar mejor informados y formados. Sin embargo, ¿cuántos
de ellos se informa y/o muestran interés en formarse y conocer más
en profundidad sobre el deporte que han elegido?.
El
proceso de "llevar las riendas" de un equipo de jóvenes
con deseos de aprender y triunfar en el mundo del balonmano, es una
actividad no recomendada para improvisados.
No
es fácil manejar un grupo de jugadores donde cada uno tiene una
personalidad propia, su temperamento y sus rasgos de carácter.
Encaminar y conducir a este grupo de jugadores para lograr los
objetivos propuestos dependerá la labor educativa, instructiva, de
preparación general y específica que se haga a lo largo de la
temporada, durante las sesiones de entrenamiento.
La
firmeza de carácter en las decisiones , la flexibilidad necesaria
para aceptar cualquier situación surgida. Tenacidad en el trabajo,
espíritu de abnegación y sacrificio. Derecho a cansarse pero nunca
descansar hasta que la labor no haya concluido. La responsabilidad
ante el trabajo nos
ha llevado hasta aquí. Y es ahora, después del partido de ayer,
que debemos recuperar la esencia de equipo. Todos. “Porque
no hay viento favorable para el que no sabe a dónde va”.






