Competencia es una
palabra de significado equívoco. Puede entenderse como disputa o
contienda, como oposición o rivalidad; pero también como pericia,
aptitud para hacer algo o intervenir en un asunto. A su vez, predica
atribución legítima de una autoridad para el conocimiento o
resolución de un asunto (DRAE, 2001). De la primera acepción se
sigue el competir, la competitividad; en cambio, de la segunda, el
ser competente.
Prepararse
para competir es poner toda la atención en el desarrollo de nuestro
deporte, nuestro partido, que es cambiante, tanto que puede verse
afectado por la inercia del mismo: cambios defensivos, decisiones
arbitrales, etc. En tal sentido nuestros jugadores deben procurar
adquirir las habilidades suficientes para poder responder a esas
situaciones cambiantes de la competición, tomar las decisiones
correctas en función de la propuesta del contrario o bien por la
estrategia diseñada por nuestros técnicos: ¿pasar el balón o
continuar con la acción?, ¿lanzar a portería o pasar al compañero
desmarcado?, ¿defender al oponente directo o esperar en función de
su armado de brazo o ciclo de paso realizado?... Son muchas las
decisiones que deben tomar en el transcurso del partido, sin embargo
no será la victoria o la derrota lo importante, cuando mejoran su
propio rendimiento es cuando podemos decir que están compitiendo.
Entregarse, trabajar, esforzarse, no hay otro camino.
Las
temporadas empiezan en cada partido. Somos mejores de lo que
dicen los resultados. Trabajar cada día. Repetir, repetir y repetir
cada movimiento, interiorizarlo y poner en práctica lo aprendido,
eso es competir.
Varias
frases de Pep Guardiola que nos sirvan de reflexión:
“Perdonaré
que no acierten, no que no se esfuercen”
"No
hay nada más peligroso que no arriesgarse".
"El
talento depende de la inspiración, pero el esfuerzo depende de cada
uno".
“Tenemos
que ser audaces, salir al campo y hacer las cosas, no sentarnos y
esperar a que sucedan. Tenemos que demostrar lo que podemos hacer y
que merecemos estar donde estamos”
